Tu agresión contra la mía.

“Cuando los hombres apuntan a los mismos fines y objetos semejantes, acuden a la competencia entre si. Cuando algunos de estos fines o de esos objetos solamente puede ser para uno solo entran en pugna todos lo que a el aspiren y lucharan para obtenerlo o, si lo han obtenido, se prepararan para protegerlo de ataques presentes o futuros. De este modo, para defenderse, buscaran en muchos casos, anticiparse a los otros dominándolos. Por otro lado, ningún hombre tolera que no se lo valore adecuadamente y para lograrlo, si esto no se da en forma espontánea, buscara imponerse a aquellos que no lo respeten para que lo hagan.

Así hallamos en la naturaleza del hombre tres causas principales de discordia: la primera, la competencia; la segunda, la desconfianza; y la tercera, la gloria.”

T.Hobbes

Este texto esta elaborado en tercera persona, por que es una manera de explicar la agresividad visto desde afuera, pero esto no quiere decir que me desligo de toda violencia o acto agresivo.

Cuando a una persona se le presenta una competencia, normalmente por causa del ego, desea paliarla hasta ganar, sin importar a quien daña o no; solo lo hace para autosatisfacerse y poder llegar al regocijo. Se impone antes los demás, trata de defender lo suyo sin bajar su autoestima, imponiendo reglas, adueñándose de lo que es suyo o del premio adquirido gracias a esa agresión implementada hacia los supuestos competidores.

Las pautas que se dieron finalizando el texto son puntos de discordia en los cuales repercuten para realizar el acto. La primera se refiere a la competencia, que anteriormente dijimos que es cuando el objeto o la persona es requerida por mas de dos personas, haciendo o no el uso de la violencia. La segunda, la desconfianza, se refiere a la seguridad que el damos al objeto o a la persona para no perderla, nos adueñamos de ella y la defendemos. Y por ultimo, la gloria, que es requerida para ganar reputación ante las personas, buscando la gloria personal.

Estas tres “leyes” incitan a la violencia. Por ende, el hombre no se fija en quien daña o no, solo apunta a la satisfacción propia.

En conclusión se recurre a la violencia para apoderarnos de lo que no tenemos, y además, la usamos para proteger lo que tenemos. Cuando alguien puede poner en peligro el reconocimiento general que tiene una persona, también se utiliza la violencia. Por ende, vivimos en una constante agresión.